miércoles, 6 de octubre de 2010
Manucho y el conteo de soldados.
El diablo, que era más o menos joven aún, se levantó y se impersonó ante Ramiro el sonriente, compañero y amigo de Manucho.
Le dijo:
- Tú, que eres ciudadano hábil y el arte de los números no te es esquivo, ve y cuenta el número de hombres dispuestos a pelear por tu tierra.
Ramiro era un hombre resuelto y no andaba bien de la vista, así que no vio que era el diablo el que le decía esto y, por temor a quedar mal con alguien más, le respondió:
- Dale.
Entonces Ramiro reunió a sus subtenientes y dio la orden de contar a todo hombre armado desde Sheeba hasta Trahee.
Manucho se enteró de que Ramiro intentaba hacer esto y decidió hablar con él.
- ¿Qué vas a hacer?- le dijo- ¿Contar soldados?
- Sí, me han pedido que haga un censo.
- ¿Quién?
- Oh... tú sabes... aquel tipo... el que anda... allá...
Manucho por esa época debía mucha plata debido a una apuesta que había perdido al no poder aguantar la risa en el velorio de un hijo del rey. Por eso era que tampoco se sentía con mucha autoridad para rebatir las órdenes de un desconocido.
- ¿Pero vos tenés idea de la cantidad de gente que es? Se te va a quemar el cerebro. Creo que dios no quiere que contemos soldados. Del modo que sea, él puede hacer que se dupliquen o peor aún, puede convertirlos a todos en mandarinas y obligarnos a ponerlos en un canasto hasta que fermenten... fijate.
Aún con argumentos tan sabios, Manucho no pudo disuadir a Ramiro de su tarea.
Ramiro contó a todos los soldados y volvió, cansado y muy cansado.
- Son cuatro millones de espada en mano- así comenzó con su relación de lo visto- y seis millones de lanza y escudo. Así he contado, desde Sheeba hasta Trahee.
- Acabo de llamar a lo de mi tío, el del pueblito ese de la mina de cobre- dijo Manucho-. Me dice que nunca te vio pasar. Parece que contaste mal.
- Veo que no he visto un pueblo. Así lo señalas amigo ¿Cuantos habitan ahí?
- Ni idea, sesenta, cuatrocientos, no sé. Vas a tener que volver.
- La puta que te parió... me cago en dios...
dios oyó esto y envío un ángel para ver que sucedía porque él tenía que recibir gente y no había ordenado. El ángel descendió y vio que un censo había sido hecho contra la orden de su señor.
- Los censos me ofenden- dijo dios al ángel-. Ya olvidé el porque, pero me ofenden. Todo eso de andar contando gente está muy mal.
dios en persona fue hasta Ramiro. Manucho cuando lo vio venir se alejó un poco por las dudas y apagó su cigarrillo. Dios estaba lleno de ira y se trababa al hablar.
- ¡Solo veo una salida a lo que has hecho contra mi nombre!- gritaba a un Ramiro petrificado- ¡O mejor tres, que sean tres! ¡Que nadie diga que no soy justo!
- ¿Tres salidas, mi señor?- Preguntó de un modo apenas audible Ramiro.
- ¡Sí! ¡Tres opciones!- Bramó el señor- ¡Opción uno! amputación de la mano derecha y rodillazo en la boca. ¡Opción dos! no volver a tener contacto con otro ser humano hasta que domines el arte de tocar el piano sin ayuda de profesor. ¡Opción tres! seis años hablando sin la N. ¡Elegid, criatura!
Ramiro ocultó su sorpresa. Él era ya un pianista de cierta reputación pero dios no se acordaba, por lo que eligió la opción dos con toda la pena y resignación que le fue posible fingir.
- ¡Que así sea, Ramiro, quien hizo un censo contra todas mis clarísimas recomendaciones al respecto!
Mientras dios se disponía a partir, Manucho, a espaldas de Ramiro, llamó con sutileza la atención del creador y le hizo un par de gestos señalando a su amigo, dando a entender que este era ya, un pianista de cierta reputación. dios se volvió hacia Ramiro.
- ¡Pretendías engañarme! ¡Tu descaro no conoce de límites, oh censista del abismo!
Entonces le pegó un rodillazo en la boca que le bajó un premolar y cuando se disponía a amputarle la mano derecha le dio un poco de impresión y tan solo le pateó la boca de nuevo bajándole siete dientes más.
dios se fue haciendo gesto de ojo. Manucho se quedó mirando a su amigo y le dijo,
- Deberías haber tenido más sensatez cuando elegiste desoír su mandato. Que buen rodillazo que pega ese tipo.
Y todos menos Ramiro, que se sorprendía por la cantidad de dolor que contenía una boca, entendieron que los censos eran obra del maligno y siguieron con sus ocupaciones. Manucho olvidó el número de soldados y prendió otro cigarrillo tras intentarlo un par de veces.
(Fin del Cáp.)
martes, 18 de mayo de 2010
Pelotudos, un vistazo histórico.
Gracias a ser hombre, y no hay dudas de que lo soy, sé a su vez lo que es ser un pelotudo.
¿Qué clase de pelotudo se preguntarán? Bueno, pelotudo simpático, por decir algo. Es inherente (siempre quise usar esa palabra) a la naturaleza masculina comportarse como un pelotudo. Es cuan seguido evitamos la pelotudez lo que nos hace más o menos elevados. Recordemos si no aquella vez en la que Einstein le quitó la silla a Rutheford para impresionar a su chica. Por supuesto ella no lo encontró gracioso y dejó a Einstein por un tipo de una estación de servicio que a decir verdad tenía un sentido de la decencia capilar mejor. Rutheford entendió que nada de bueno había en la venganza, aunque igual le meó el café durante un año.
¿Por qué Rutheford le servía el café a Einstein?
Misterioso, sí. Extraña también la confianza de Einstein al tomarlo cuando Rutheford se lo daba ríendo para sí y mascullando cosas en italiano.
Es por esto que quiero resaltar algunos sucesos históricos y no tanto, y a los hombres detrás de estos, que bien han sabido ganarse el mote de pelotudo.
Si entendemos que un hombre es la suma de sus acciones entonces podemos descansar tranquilos pensando que apenas tenemos la capacidad de hacer pelotudeces, mas eso no nos convierte en pelotudos si no en hombres. (Este último argumento es un tanto rebuscado pero en más de una ocasión me ha permitido dormir mejor.)
Tomemos el ejemplo del ladrón que ocupaba un lugar al lado de Jesús en la cruz y supo arrepentirse a tiempo pero más aún, tomemos el ejemplo del otro que los secundaba pero no siguió este camino. El diálogo, según los revisionistas bíblicos, habría sido de este modo.
-¿Por qué me sucede esto a mí, que apenas soy un ladrón sin suerte y que ningún mal deseaba a ninguno?
-¡Shh! No habléis con aquel que se hace llamar mesías. Si fuera un hacedor de milagros ya hubiera bajado de la cruz y lo propio hubiera hecho por nosotros.
- Hijo- dijo Jesús aunque este no era su hijo real-, abraza a mi señor que aún estás a tiempo y esta noche dormirás en su reino.
- Bueno- respondió el ladrón arrepentido.
- ¿Qué dijo?- pregunto el desafiante ladrón que estaba medio lejos de Jesús y tenía una infección en el oído- Eh vos, pelo largo, ¿Qué dijiste?
- Dije- Alzo la voz Jesús- Que por bardear ahora te quedaste sin el pan y sin la torta, gato.
- ¿Qué dijo?- preguntó una vez más.
Fue entonces que tanto Jesús como el ladrón arrepentido, se desmaterializaron dejando dos cruces vacías y un montón de romanos enojados.
- Eh! ¿Qué onda viejo?- dijo el desafiante ratero abandonado.
Los romanos entonces golpearon muchas veces en la cara al solitario ladrón y lo hicieron presa de extensas burlas y nombres que zaherían su dignidad, uno de ellos “Polotudo”, que no sabemos si es un origen distorsionado del término o bien es una mala pronunciación hecha en medio de accesos de risa.
Se rescata de todo esto que el desafortunado ladrón cometió uno de los más peligrosos pecados de pelotudez, el hablar de más o hablar cuando nadie te preguntó nada. Ya por seguir un análisis más referente a lo teológico, podemos ver una clara mención por parte de Jesús al posterior castigo que recibirá el ladrón, ya que este se ha quedado “Sin el pan y sin la torta”, clara alusión al cielo y al infierno. En su lugar recibirá este hombre un castigo terrenal y no una vez si no varias. Esto se hace claro en el uso del epíteto “Gato”, animal que no muere una si no siete veces.
Otro ejemplo citado hartas veces sobre la inmensa pelotudés humana, es el relatado por Emanuel Swedenborg, filósofo escandinavo reverenciado por sus pares debido a su gran profundidad mística y su capacidad casi inacabable para encontrar parecidos en personajes de la farándula.
Su fábula va de este modo.
Había un hombre que había renunciado a todo y había obligado así a que gente como yo se viera en aprietos a la hora de evitar la palabra había.
Era este eremita una persona que entendía la vida de un modo muy simple. El cielo era alcanzable para cualquiera que rezara lo suficiente y se abstuviera de pagar por sexo y comprar libros de chistes. Claro que para eso solo había un modo posible y era no tener dinero. Para este fin el eremita hacía un pan de levadura que era, la verdad, mérito suficiente como para que le sacaran los ojos de una patada en la nuca. Así es que los días pasaban y el nunca tenía una moneda más allá de aquellas que le daban ciertos albañiles que compraban su pan con fines no comestibles, y las noches llegaban sin que él anciano tuviera una tentación real de poder agarrarse un bicho por ahí con la plata que casi no le hacía ruido en los bolsillos.
El eremita tenía un cuñado paraguayo que un día fue a visitarlo y al no encontrarlo se escondió atrás de una puerta para asustarlo. Esa noche cuando el anciano se disponía a barrer la cocina, el cuñado le pego un grito de “¡Guarda!” que fue demasiado para su corazón tan débil, y murió.
Una vez en el cielo, este ignorante y ascético hombrecillo, se dispuso a recibir la gloria celestial tan a pecho ganada en la tierra. Fue recibido por un ángel de setenta alas que le dijo al recibirlo “Bien llegado eres y bien llegado sos. Responded, ¿Qué es una hoja cuadriculada?”.
El eremita nunca había comprado libros de chistes y por eso no sabía que la respuesta era una maratón de gallegos vista de arriba y por toda respuesta dio su silencio. Rápidamente este silencio se tornó incómodo para él y para el ángel, que tratando de desviar la charla preguntó: “y… que mal la selección no?”, pero nuevamente el eremita se vio inútil en su esfuerzo por responder ya que no compraba el Olé!.
Así vagó por los cielos el anciano en sus primeros días, abandonado a las preguntas de los ángeles que a sus oídos eran enigmas tales como “¿Conocés a Marcelo?” o “¿Te invitaron a la fiesta?” y otros de más críptica factura aún.
No mucho después los ángeles perdieron el interés en el hombrecillo y sintieron algo de pena por un hombre que no entendía que Messi no puede jugar de volante.
Así fue que le dieron un rincón alejado en el cielo donde podría recrear su vida en la tierra y orar sin ser asustado por su cuñado pero sabiendo que aún si quisiera, ya no podría alcanzar aquellos libros de chistes.
De todos modos una vez un ángel le tiro una pepa en el té para ver si se avivaba pero el viejo se pego un susto que lo dejó tres días abajo de una frazada.
Lo que esta fábula nos enseña es que no hay pelotudés más grande que la renunciación. Si dos hombres van a ponerla y uno dice “No, dejá, pasá vos, al final no tengo ganas”, entonces este hombre es un pelotudo. Además tendrá que pasar los próximos veinte minutos tratando de sacar charla con prostitutas que toman mate sin invitar y un tipo de la federal que le sangra la nariz.
En la fábula de Swedenborg hay un dejo de castigo moral en lo que le sucede al eremita, ya que él procura no tener dinero para evitar la tentación en vez de renunciar a mera fuerza de voluntad. El hacer pan feo en esa época era muy mal visto, y es rumor que la historia fue inspirada por un afán de venganza a raíz de un panadero que le hacía el baile del robot a Swedenborg para mofarse de su apellido.
Rescatamos ahora, fragmentos de los tomos escritos por un joven Sigmund Freud en pos de verificar cierto accionar suyo a la hora de sacar conclusiones, un proceso por el cual siempre se lo ha reconocido como un hombre de profundo razonamiento y brillante intuición.
Este pequeño fragmento encontrado con esfuerzo entre sus obras inéditas, aporta a nuestro humilde racconto.
(…) Tomemos el caso de una de mis pacientes recientes ¡Vaya rima Sigmund! Nos referiremos a ella como Emily M. por respeto al lazo afectivo que me une a su familia, ya que los Matheson de east Wilkishire son, y profetizo, serán, grandes amigos míos ad eternum.
Emily M. vino a mi consulta aquejada por un agudo dolor en el hígado y luego se puso de pie e intentó excusarse al entender que se había confundido de edificio. Logré persuadirla para que se quedara y me confiara más acerca de su aflicción ya que sospechaba que podía tratarse de un trastorno del tipo psicosomático. Tras una breve reseña de sus hábitos comencé a vislumbrar pequeños datos inconexos que prometían una posible respuesta al enigma.
Emily cuidaba de su padre, un hombre muy enfermo y atacado por un extraño caso de paranoia lumbar que le impedía recostarse en sillones por temor a ser traicionado por su columna y era así que dormía parado y no jugaba a las cartas, todos estos eran síntomas que hacían gran mella en su vida social.
Emily era una mujer de rituales y de este modo es que podía llevar adelante su vida sin descuidar a su padre. Por las mañanas gustaba de desayunar cuatro arenques fritos en manteca de cerdo acompañados por unas confituras de ruibarbo que según ellas eran excelentes para despertar el espíritu a esas horas.
La alenté a que continuara con sus costumbres matutinas ya que una mínima alteración en su rutina podía hundir a su psique en pánico y agudizar su dolencia.
A las claras Emily tenía cuestiones que resolver con su padre ¿Pero como abordar un tema de tal delicadeza con una dama tal? Mi consulta se me antojaba demasiado fría y distante y por suerte pudimos acordar una oportunidad para que, mediante una cena frugal, pudiéramos charlar con mejor comodidad.
Emily eligió una fonda de la cual desconocía yo su reputación y nombre, y ahí fue que nos encontramos.
Yo pedí el salmón magro con alubias y Emily ordenó el conejo relleno de lasagna, para sorpresa mía que desconocía tal preparación como algo posible. Pude observar, para sorpresa mayor, que el plato aparecía reseñado en el menú como “Conejo a la Emily”. Cuan claros son a veces los caminos del subconsciente.
Mi paciente me confío de a poco y con cierto recato, algunos detalles respecto a la relación con su padre que ella entendía eran algo delicados. Supo contarme acerca de una vez que tras mucho esfuerzo le hizo confidencias a este sobre su deseo de convertirse en mujer alpinista. Fue ese un episodio muy triste, ya que según ella el anciano río tanto que golpeó su cabeza contra una alacena de fino cobre de Mali y por dos días la confundió con un soldado turco y la acechó por las galerías de la casa lanzándole improperios antiimperialistas, tendiéndole trampas de hilo para que tropezara y arrojándole agua hervida para bautizarla.
Esto sucedió en época de navidades y justamente fue en los días siguientes que Emily notó un punzante dolor que comenzaba a afectar su zona hepática.
Una semana después, Emily reapareció en mi consulta y su semblante no era del todo alentador. Estaba atacada por un color amarillento en el rostro y al pronunciar la S mostraba una tendencia preocupante a escupir sangre.
Entendí que el trastorno originado por la relación con su padre había tomado un vuelco para peor y esgrimí una solución inmediata. Tras un par de telegramas logré conseguirle hospedaje en Berna bajo la tutela de un allegado quien la entrenaría en las artes verticales del alpinismo de risco y montaña. De este modo podría ella dar cierre al inocente, pero no menos peligroso, influjo de su progenitor.
La ayudé a aprovisionarse antes de partir. Puso en sendas canastas una variedad de fiambres, carnes secas y pan de chicharrón que me hizo pensar un tanto en que Emily no comprendía que era esta apenas una estadía de tres días, pero más tarde comprendí que ella necesitaba en su fuero más íntimo, entender que se preparaba para el resto de su vida. Si así fuera comida no le faltaría, vaya que no.
Supe a los pocos días que Emily estaba bien acomodada y preparada para comenzar su entrenamiento, pero fue mucho muy terrible lo que apenas unos días más tarde me llegó como noticia.
Emily M., confidente y paciente mía, fue encontrada sin vida a quince metros de altura en un claro no muy lejos realmente de su cabaña. Aparentemente habría sufrido una múltiple hemorragia interna y en un último gesto acongojante de amor al hogar, se recostó aferrada a una canasta vacía con la mirada al cielo. Con tanto celo se aferró a este objeto antes de fallecer que tuvieron que llamar a un tercer guardaparque para separar sus dedos del canasto. En su mano libre aferraba aún otra pertenencia, pero letal esta. Arrugado y mojado, un telegrama de su padre con una extraña pregunta: “¿Qué pasó en la alacena?”.
Así fue que un último empujón inintencionado por parte de su progenitor, movió barranca abajo a su tambaleante psique y el cuerpo de la querida Emily dijo,” Alguien ha de decir basta”.
¿Es culpable el avance trepidante de la tecnología que no nos permite alejarnos de los otros por completo cuando lo necesitamos?
Es mi humilde opinión que sí.
Bueno, tras esta lectura podemos culpar a Freud de ser un pelotudo del tamaño de un helicóptero. Uno de los modos de la pelotudez más común es el de llegar a conclusiones complejas cuando las respuestas correctas son tanto más simples y visibles. Nosotros creemos que Freud no era realmente un pelotudo pero tenía sus momentos. Es recordado el suceso aquel donde queriendo animar a una familia afectada por la guerra y que había perdido a dos de sus tres hijos, le dijo al padre: “Andá a saber, por ahí no están muertos, por ahí están onda… perdidos o algo”, olvidando que de hecho estaba parado a metro y medio de los ataúdes, detalle que recordó dos segundos después y abandonó la habitación inventando una excusa torpe acerca de una bicicleta sin candado ya que aún no había celulares y no podías tirar la de “Uh, bancame, debe ser del laburo.”
Ser pelotudo no es solo algo que afecta a aquellos con graves responsabilidades sociales. Hay muestras de alarmante pelotudismo en otros estratos.
Ejemplos que dan algo de color.
Tenemos al director técnico de dinamarca del 73, Dirk Manjjia, que en medio de la arenga técnica previa a un choque frente a Italia por la Euro, vio una cucaracha en una pared y se puso a llorar.
Rokkalin Insmiünel, guitarrista del conjunto de black metal sueco “Natal Destroyer Angel Mürder”, en su primera presentación en Donnington tocó el solo de “Rain of killer death” dentro de una bañera con sangre. Su desaprensión por la instrumentación acústica y la alta conductividad demostrada por la sangre se cobró una prometedora carrera.
Hermoso ejemplo el de Shakespeare, tan conocido por su capacidad para escribir a pluma alzada como si una conexión con lo divino lo moviese. Una visión más humana nos regalan estos borradores de MacBeth.
(Entran Macbeth, Banquo, Ross y Aníbal)
Macbeth
Debo mucho por ser caballero
Y por ser leal es que me deben aún más que lo que debo
Banquo
Hablas con premura y bien sabes que la lengua
Mata más rápido que la espada
Aníbal
Que onda hoy a la noche?
Porque si me avisan sobre el pucho yo no puedo tirar todo para atrás
Ross
Cuando los hombres hablan no debería haber más eco
Que lo que los hombres entienden
Aníbal
O sea, yo siempre tengo la mejor pero lo único que pido
Es un toque de consideración, es levantar el tubo y “Che Aníbal, al final no hace falta”
O sea… nada
Macbeth
Hablar solo preludia a la guerra
O la dilata, y el hombre muere leal con los labios sellados
Aníbal
El otro día yo me levantaba tipo seis y alguien escuchó a Aníbal onda
“No che, dejá, gracias, es que me levanto temprano”?
O sea, es onda un poco de códigos viejo. Las cosas como son.
O sea, onda… es eso.
Banquo
Podemos ir de la china al sol tan solo usando la lengua,
Cuantos soldados descansan de frente a las estrellas
Por culpa de nuestras palabras?
(…)
Al parecer en un ataque de desconfianza acerca del éxito de su obra, Shakespeare habría agregado un misterioso personaje de nombre Aníbal, con unos modos que parecieran ser un intento por acercarse a un lenguaje más popular. Por supuesto que luego lo leyó un par de veces de corrido y dijo “La limé”, y si bien tuvo que matar a un cuidador de caballos al que le había leído un pedazo del borrador, pudo continuar la obra sin problemas y restando a dicho personaje.
Vemos amigos, salvo que sean ciegos además de pelotudos (aunque en ese caso no ven y este chiste se desperdicia por lo cual se ruega que si conocen a un ciego le cuenten sobre este chiste y despúes me manden un mail con la reacción) como la pelotudez ha estado presente no solo en las vidas mediocres que nos rodean a diario, si no también en aquellas que por ser tan elevadas nos encandilan si las queremos ver de día.
Dormid tranquilos entonces, puesto que la pelotudez que cometisteis ya ha sido cometida antes por otros de más valor que tú.
Solo recuerda: Las lecciones son para maricas, lo que vale es la resistencia al alcohol barato.
lunes, 15 de marzo de 2010
Guía del argentino mamón en Mexico (Mexico lleva acento? O sea, es nahuatl no?)
domingo, 14 de marzo de 2010
Como comportarse en una entrevista laboral.
Trabajar no solo es un acto miserable y abyecto si no que es, a su vez, ineludible para cualquiera que no haya podido hacerse con un modo de vida capaz de generar sustento por otros medios que no sean tener que pasar ocho o diez horas al día mirándose a la cara con gente que no nos cae bien y que insiste en llamarnos Marcelo; irónicamente una situación que nos deja al descubierto ante la réplica a nuestra constante pregunta de ¿Qué Marcelo?
Pero aún así nos sorprendemos a nosotros mismos un martes a la tarde revisando bolsillos de camperas viejas y ajenas en busca de un billete de dos pesos solo para encontrar una moneda de cincuenta centavos al grito de “¡Casi!”. En esos momentos llegamos a añorar el dulce olor a alfombra humeda de un call center.
Es por esto que ante la eventualidad de, en efecto, querer encontrar un lugar que nos tome como empleados, debemos aprender a manejarnos apropiadamente en una entrevista laboral. Nuestros nervios, nuestras pequeñas obsesiones y olor a cerveza nos han costado más de un empleo para el que estábamos bien capacitados.
Veamos algunos modos de evitar contratiempos y dar la impresión buscada, que para el momento en que se desvanezca ya estaremos pisando fuerte sobre la gloriosa tierra de la indemnización.
Un posible diálogo de apertura y su correcta ejecución. Llamaremos G al gerente que nos entrevista y U a usted.
G: Gracias por venir. Veo que usted vive lejos, ¿Tuvo problemas para encontrar el lugar?
U: Para nada, suelo recorrer estas zonas, de hecho durante tres años tuve un empleo a no más de dos cuadras de aquí.
G: Oh... eso es muy bueno.
Vemos como el gerente ha tratado de vislumbrar los posibles inconvenientes que tendría alguien que recorre una gran distancia al trabajo. No solo que lo hemos dejado tranquilo respecto a esto, también hemos deslizado la mención de un trabajo donde permanecimos por una buena cantidad de tiempo.
Veamos un ejemplo erróneo de la misma situación.
G: Gracias por venir. Veo que usted vive lejos, ¿tuvo problemas para encontrar el lugar?
U: No, me quedé a dormir el martes en lo de un amigo que vive por acá.
G: Hoy es viernes.
U: ¿Posta?
Nunca es bueno demostrar desorientación temporal, por más real y severa que sea. El hecho de tener amigos que lo aceptan a uno a dormir después de los veinticinco años tampoco vaticina nada bueno sobre su persona.
Observemos otro error posible.
G: ¿Gusta algo para tomar? ¿Tal vez un café?
U: El buen café es colombiano.
G: Entiendo...
U: Quiero decir, todo lo colombiano y bueno entra por la nariz primero.
Aquí el desatino lo notamos en la parte final del intercambio. Usted, en un afán cosmopolita, quiso dejar en claro que es hombre de mundo. Pero la mención a cosas que entran por la nariz tan temprano en la entrevista (y en la mañana de un lunes) le ha jugado una mala pasada.
En general recomendamos una visible y clara línea de pensamiento. Las florituras de su vasta formación cultural pueden llegar a dar una impresión errónea de arrogancia.
G: Un buen currículum, como usted sabrá, no garantiza un triunfo en el campo laboral.
U: Y un Charizard recién evolucionado, como usted sabrá, no garantiza un triunfo en un torneo profesional. No al menos contra un mazo de agua/tierra.
G: Estaremos en contacto.
U: Guarda con la batería entonces.
G: Entiendo. Nos gustaría que abandone el edificio.
En este último caso una solapada mención a sus conocimientos sobre las mejores opciones a la hora de armar un mazo competitivo en un torneo de cartas Pokemon, le ha jugado un revés inesperado. Criticable también el timing elegido para soltar el comentario. Llevar una remera que dice Insert Coins no ha jugado un papel importante en su favor. La segunda leyenda, Cause I´m a Love Machine, bitch, ahora visible en su espalda mientras abandona el recinto, tampoco logró el golpe de efecto deseado.
¿Qué decir acerca del aspecto personal entonces? Este es un tema a tener en cuenta sin dudas. Una imagen elegante pero levemente informal es siempre recomendable. Usted ha elegido llevar guantes de arquero a la entrevista y tendrá que dar cuenta por esta postura. Su explicación: “Bueno, No espera que me escupa las manos así sin nada, ¿No?”, si bien articulada, es un tanto críptica y aún cuando se percibe una sana preocupación por la asepsia de su parte, genera más preguntas que respuestas.
Si elige zapatos recuerde siempre llevar dos. A la hora de elegir sombrero desestime coronaciones tales como hélices, falsas garras de velocirráptor, linternas, soportes para bebidas enlatadas, publicidades de software en estado de desarrollo y afines.
Si se pregunta acerca de la puntualidad, déjeme decirle que no es tema menor. Arribar un día y medio más tarde y por una ventana, no es aceptable. Evite también dar un aspecto de exagerada previsión. Llegar tres horas antes con facturas no es sabio.
No solo la puntualidad juega un papel determinante. El modo de ingresar al despacho y saludar a nuestro interlocutor debe ser claramente planificado. Un apretón de manos firme pero no agresivo mientras se mantiene contacto visual. Recuerde que debe esperar a que la otra parte retire la mano, de otro modo se puede generar una sensación de inseguridad.
Esconderse tras una puerta para asustar a su entrevistador con un grito, suele ser un mal comienzo. Echar sal en marcos y ventanas, si bien tiene una sólida base energética, lo hará tener que ponerse a responder preguntas antes de lo previsto.
Recuerde que la entrevista no acaba hasta que usted se retira. Aún sabiendo que hemos conseguido el empleo debemos mantener una postura natural. Echarse a los brazos del entrevistador al grito de “¡Mi héroe!” le restará profesionalidad y es un riesgo físico para ambos.
Otro error común es el de precipitarse a hablar. Demuestre que sabe manejar los silencios y evite dar información que no le han pedido.
U: ...O sea, le aviso, no es que usted me aburra pero por ahí cabeceo. Soy narcoléptico.
Mal. Totalmente evitable también.
G: (silencio)
U: ... ¿Sabés cual salió en la de Montevideo? Pasa que le jugué tres pesos al setentaiocho porque ayer soñé con...
G: (silencio)
U: No importa.
Mal, y tampoco cae bien el tutear. Hacer entender que parte de nuestra economía depende de lo que soñamos ayer tampoco suma.
G: (silencio)
U: Hace calor... igual no digo que acá haga calor eh, en la calle y todo...
G: (silencio)
U: Está para bermudas hoy... yo usaba siempre en la época del Buenos Aires Hardcore. Después resultó que los de N.D.I. eran medio skin...
G: (silencio)
U: No importa.
Sí importa, lo siento. Aprenda a mantenerse callado y prívese de cualquier comentario que lo ate a grupos de reputación neo-nazi. Usted se verá recompensado si se limita a escuchar activamente y responder de modo conciso.
Es sabido que muchas empresas gustan de realizar pequeños exámenes grafológicos. Un pedido común es el de dibujarse a uno mismo frente a una casa. Manténgase dentro de los límites de lo conspicuo. Evite representarse con partes robóticas. Si esto se le hace demasiado difícil al menos intente que su personaje no se vea envuelto en luchas sangrientas que decidirán el nuevo orden galáctico.
Respecto a la casa. Barrotes en las ventanas nunca son bien recibidos. Barrotes unidos por un cable a un grupo electrógeno generan una sensación de inquietud aún mayor.
Usted se siente inclinado a dibujar unas nubes, lo cual no tiene nada de malo, pero ahora comienza a sentir que una nube no es tal cosa si no llueve, esto ya trae complicaciones. A continuación usted sitúa entre las nubes a un ser de túnica y barba que grita “¡Sentid la ira de las eras!”. El dibujo ahora se ve un tanto descompensado y usted lo hizo con birome. Ha notado el error. El robot se oxidará por culpa de la lluvia, y lo que es aún peor, corre peligro de electrificarse con los barrotes de la casa. Su próximo paso es dibujar una celda de protones para contener el ataque de Galactus y un paraguas para la representación futurista de su alter ego. Muy probablemente una persona de una imaginación tan excitable como la suya haya transpirado mucho durante el transcurso de tamaña ilustración, recuerde, pedir un vaso de agua y tomar un ribotril 200 puede no causar una gran impresión.
Por último, a la hora de presentar referencias limítese a solo un par y que sean de confianza. Veamos algunos ejemplos a evitar.
“Aníbal Cánepa. Dueño de F-100 roja, trabajó conmigo en IVES. Tel: 4752-62(puede ser 7)80. Llamar domingo temprano pero hasta ahí, o sea, tampoco tanto.”
“Enrique. Sabe que yo iba a la cantábrica. Tel: 4758-2740 (vecina). Llamar viernes, sábado, domingo a partir de las 23:00 hs.”
“Nené Matos, creo que salió hace mes mes y medio. Lo ayudé con una cuestión de documentos uruguayos. Tel: 15-31659127 (No llamar desde teléfono propio). Contactar de noche y solo preguntar por él después de cinco minutos de charla sobre trivialidades.”
Si se siguen estás simples directrices, usted debería salir caminando de su entrevista luciendo un empleo nuevo. En el peor de los casos esta guía le permite salir del edificio sin escolta.
Nuestra advertencia es tan solo que una vez conseguido el empleo, usted debe abstenerse de insultar y lanzar juramentos hacia nosotros por haberlo ayudado a procurarse su nuevo juego de responsabilidades. Si alguien ha de ser culpado es usted, o en su defecto la genética endogámica fallida por la que fue engendrado.
Le deseamos suerte, el éxito es para la gente que toma agua saborizada.
Muiño, metropolitan agent.
Soy detective de la metropolitana. Preferiría ser estrella de rock, ya saben, Robert Plant en el 73, algo en esa línea.
El otro día interrogué a un tipo.
- Te tenemos por las bolas macho, tal vez si nos dices todo lo que sabes salgas en un par de meses
- Pero si yo soy solo un panadero
- ¡No me salgas con idioteces Dragger! Te tenemos en la escena del crimen con un 38 humeante…
- ¡Que no me llamo Dragger tío!
- La sangre en tus zapatos dio positivo por el adn del gordo Gianneti, tendrías que fijarte mejor donde pisas, Dragger
- ¡Pero que estoy aquí por una puta boleta de tránsito!
- ¡Cuida tu asquerosa boca! ¿Y porque demonios traes una bolsa de churros contigo Dragger?
- ¡Es que soy panadero tío! Estoy tratando de decírtelo
- ¿De qué hablas? ¿Qué no eres Dragger el demonio de la navaja?
- Me llamo José Manuel Bidevieta
- ¿Y nunca has matado a nadie en un callejón? Digamos… ¿el miércoles?
- ¡Que no!
- Oh… Entiendo… Bueno, esos churros se ven sospechosos, mejor te los dejas aquí
Es todo culpa del café. Lo preparan como Carmelitas descalzas en este lugar. ¿Quien diablos puede mantenerse despierto de ese modo?
- ¿Llaman a esto café? ¿Por qué no le echan Valium de una vez?
- Tú prepárate tu puto café si no te gusta el de la jefatura, que te lo tendríamos que cobrar por como lo tomas… puto yonqui…
- Eh tío, a ti si que te vendría bien un Valium
- ¿Por qué demonios andas con una bolsa de churros, Muíño? ¿Y por qué diablos es que no me das uno de una buena vez?
- No creo que puedas manejar el azúcar
- Venga un churro maldito Yonqui
Todo el día trato de mantenerme alejado de los problemas, pero los problemas me han tomado cariño, alguien tenía que hacerlo. Como aquella vez con ese niño y su estúpida bicicleta.
- ¡Hey Muíño! ¿¡Le has disparado en la puta cabeza a un niño de ocho años!?
- Pensé que era un sospechoso
- ¡Era un maldito niño en bicicleta! ¡Y le has disparado dos veces!
- Venga tío, que así me han entrenado… he gritado “alto” y siguió huyendo
- ¡Era un puto niño sordomudo! ¡Y huérfano!
- Bueno, creo que le he hecho un favor entonces
- ¿!Y por qué demonios andas con una bolsa de churros!?
Sí, soy agente de la metropolitana. Pero preferiría ser otra cosa.
Por ahora me conformaría con un café decente, más adelante me gustaría ser estrella de rock, ya saben, Morrison en el 69, algo en esa línea…
Morrison murió en París… o al menos eso dicen, pero yo sé una mejor versión, la verdadera. Te enteras de cosas que mejor no saber, siendo agente de la metropolitana.
Como aquella vez con el cura y el perro.
- ¡Muíño! ¡¿Les has disparado a un cura y a su perro?!
- ¿El perro era del cura?
- ¡Si, maldito imbécil!
- Oh… eso lo cambia todo, tenemos al hombre equivocado jefe
- ¡Me cago en la madre de cristo Muíño! ¡Mataste al único testigo!
- Y a su perro… si es que era de él…
- ¡¿Qué tienes para decir?!
- Que no estoy listo para confesarme…
- ¿Qué?
- Ya sabe, confesarme… el cura… venga jefe
- Eres un imbécil Muíño
Oh sí, nena. La metropolitana no es un lugar para novatos, a no ser que te asignen a la metropolitana ni bien terminado tu entrenamiento, entonces técnicamente sí, sería un lugar para novatos. Pero tú me entiendes…
- Jefe, me gusta ser agente de la metropolitana
- Creí que querías ser estrella de rock
- Oh no… eso es demasiado peligroso
- ¿Sabes Muíño?… hay días que creo que eres un imbécil
- Y…
- Eso es todo Muíño
Eso es todo dijo el jefe… pero lo dudo, realmente lo dudo.
- ¿Con quién coño hablas Muíño?
- Oh, no lo vi jefe. ¿Qué hace en el baño de mujeres, señor?
- ¿Qué haces tú en el baño de mujeres Muíño?
No, ser agente de la metropolitana no es un día en el parque. A no ser que seas de la división “Parques y espacios públicos” entonces tal vez… pero tú me entiendes…
No es fácil ser Muíño, Metropolitan agent.
Roger Waters, diario del dark side.
Qué alimenta la oscuridad de un hombre? Esporádicamente aparecen seres que tras sumergirse en las entrañas mismas del infierno humano, logran articular lo que vieron de un modo lúcido y a la vez desgarrador. Pero qué es lo que sostiene a estos hombres? Conociendo y decodificando lo cotidiano de su existencia, así es que podemos comprenderlos.
12.000 libras esterlinas pagó Aleister Johnston de Sussex en 1993 por hacerse con el diario de Roger Waters, y 44.000 dólares fue lo que la revista Rolling Stone le pagó a él por la reventa. Roger Waters, o tal vez en su defensa podemos decir la gente de Roger Waters, al tanto del contenido del diario, amenazó con demandar a la publicación por bastante más que 44.000 dólares. El diario así fue abandonado a un anónimo archivo donde permaneció desde 1995 hasta la fecha.
A nuestras manos llegó rodeado de mucho misterio, y no me cuesta sospechar que más allá de los pedidos de no divulgar su contenido hechos por el desconocido que quiso enviárnoslo, su verdadera intención fue que de una vez por todas estas páginas llegaran al público.
Basado en esta suposición es que voy a compartir ciertas páginas con ustedes, del modo que sea tengo buenos abogados y en el peor de los casos tengo varios pasaportes (Todos con nombres bastante graciosos).
El primer fragmento que he elegido del diario de Roger Waters nos sitúa en los días previos a la grabación de Dark side of the moon.
Mason tiene mi perro. Se lo di para que me lo cuidara un par de días porque venía mi mamá a quedarse en casa y creo que es alérgica al pelo de canino.
Pensándolo mejor, mi madre tuvo un pastor alemán por catorce años que falleció el último marzo. Creo que es algo personal con mi perro. Me llamó y dijo “Roger, deshazte de tu perro. Los perros son una mala influencia para ti.” y la verdad que no entendí que quiso decir pero igual le hice caso.
Me acabo de dar cuenta de que alergia y alegría son anagramas, debería escribir una canción sobre eso, “Alergía” o algo así. Hay días en que mi genialidad me desborda, esos son los días en que duermo mucho por la tarde.
El otro día estábamos ensayando y yo tenía una coca-cola atrás del amplificador y Gilmour me dijo, “Hey, qué onda, esa coca-cola es tuya?” y yo no quise darle la razón y le dije “Debe ser de alguien”, “Si, tuya” me respondió David y después me dijo “Te haces el comunista y tomas coca-cola, ordénate la cabeza niño” y eso me dolió, pero lo peor es que yo andaba con mucha sed y no quise que me vea tomar de esa botella y la dejé ahí y tomé vino pero el vino no me saca la sed. La verdad que desperdiciar una buena coca-cola está bastante mal.
Fui a lo de Mason porque perdí las llaves del candado de mi bicicleta y creo que él tiene un candado igual y por ahí su llave sirve para la mía. Cuando llegué a la casa estaba mi perro ahí saltando y jugando y yo le silbé y le dije “Chispín! Ven!” porque ese es su nombre y el perro ni siquiera me miró y siguió saltando tratando de agarrar una media que Mason le sostenía bien alto. Le grite “Chispín!” otra vez y nada, entonces Mason viene y me dice “El perro no se llama más Chispín, de ahora en más su nombre es Lord Guagüinton” y eso me molestó, porque andar por ahí cambiándole el nombre a las mascotas de otros está bastante mal.
Si bien no hay muchas menciones a cuestiones musicales, podemos observar un tema que ha hecho gran mella en la psique de Waters, la relación con su madre.
Tengamos en cuenta que Waters tuvo una infancia complicada ya que su progenitora era una persona muy afectada por el temor a la guerra y obligaba a su hijo a ir a la escuela con casco, a raíz de esto es que Roger era golpeado en la cabeza muchas veces durante los recreos y lo niños gustaban de tirarle manzanas desde distancias nada desdeñables. Cansado de esto, Roger decidió un día esconder el casco antes de entrar a la escuela. Ese mismo día entendió que el casco no era tan malo y se sorprendió ante la fragilidad del cráneo humano. Todo esto eventualmente se vería reflejado en la canción Comfortably Numb, que en un borrador original iba de este modo:
“When I was a child
I had a Helmet.
My head felt just like Something
really hard.”
Ya metidos de lleno en la grabación de Dark Side, el próximo fragmento cuenta sobre ciertos pormenores a la hora de llevar adelante el proyecto.
“Wright (Richard) se compró un mercedes y está muy contento, pero el otro día íbamos para Abbey Road y me dice “Escucha, escucha, tick tick tick” y yo no escuchaba nada y él seguía con que el auto hacía un ruido raro y entonces empezó a insultar y a maldecir a un escocés llamado Pudney que no conozco, que parece que es medio como un tío de él y que es el que le vendió el coche.
Cuando llegamos estaba en la puerta Alan Parsons y quería ir a comprar cigarrillos y algo para comer y nos dijo que lo alcanzáramos hasta un seven. Se subió al auto y a las dos cuadras dice “Uh, escuchan eso? Tick tick tick” y Wright le dice “Sí, me está volviendo loco!” y a mí me dio un poco de cosa decir que no escuchaba nada así que dije “Sí, tick tick tick, es un ruido que sale del auto!” pero parece que mucho no me creyeron porque me miraron raro y después se miraban entre ellos y creo que se guiñaban el ojo.
Nos trajeron unas ideas para la tapa del disco y había una que realmente me parecía genial donde aparecía yo sentado en un cometa que tiraba notas musicales por la cola y yo tenía mi bajo como si fuera una espada largando lázers contra una nave extraterrestre y de fondo estaba la luna con una mitad a oscuras y la otra llena de explosiones y obviamente Gilmour se negó porque es un envidioso. Al final eligieron una que tiene un triangulito y unos rayos y yo me quedé onda “Que es eso? Esa es la tapa? Un triángulo?” o sea, el disco se llama “El lado oscuro de la luna”, no “El triángulo vacío y su amigo rayo loco”, en fin, Gilmour se lava la cabeza con el primer shampoo que encuentra y no le doy más de dos o tres años a ese pelo suyo. Ahí vamos a ver quien es tan gracioso.
Al estar sin bicicleta tenía que volver en el auto de Wright, pero no iba a poder aguantar toda esa cuestión del ruido tick tick tick y entonces me tomé el metro. Toda esa cuestión del ruidito la inventan entre Wright y Parsons para hacerme creer que tienen mejor oído que yo porque me envidian porque hago canciones que son la madre.
Llegué bastante más tarde porque me confundí la estación “New Heaven” con la estación “Old Warehouse” y al final me tuve que tomar un taxi, o sea, la plata no me la regalan, pero cada tanto hay que darse un gusto.
Cuando entré en casa estaba mi madre durmiendo en mi cama, así que tuve que tener que hacer mucho silencio para acostarme.
Este fragmento nos sumerge de lleno en las cuestiones internas de Pink Floyd y como las luchas de egos comenzaban a consumir una gran parte de la energía emocional de la banda. Los roces entre Waters y el resto del grupo eran ya cosa repetida por esos días. El bajista, años más tarde, en una entrevista para la BBC, diría:
“Me acuerdo que por esos días en que grabábamos el lado oscuro nos invitaron a participar en un partido de fútbol a beneficio de las víctimas de una guerra que no me acuerdo si era algo de Croacia o algo cerca de Vietnam pero bueno, fuimos a jugar y Gilmour y Mason se pasaban el balón entre ellos todo el tiempo y hubo una jugada donde quedé solo debajo de la portería y le pedí a David que echara el centro y él pateó al arco y ahí entendí que la banda tenía los días contados. Wright le pegó un codazo a Bowie ese día y lo expulsaron y ni me metí porque Wright estaba fuera de si y me decía que Bowie en realidad era escocés.”
Las potencias creativas contenidas en la banda rendían sus frutos y no era difícil vislumbrar que tenían entre manos una obra precisa y delicada que daría que hablar. Ya concluida la grabación, Roger Waters se refugia en su casa a reflexionar. El éxito trae aparejado al dinero y la opulencia llena al músico de remordimientos.
Me quiero comprar una moto. Pero una moto que cuando la gente la vea pasar diga “Me cago en dios, ese tipo si que maneja una moto, o sea, mírenla”. Claro que una moto de ese tipo cuesta dinero y, si bien no lo regalan, no puedo dejar de pensar en toda la gente que no tiene para comer por el simple hecho de no poder capturar la esencia humana primordial con una canción de tres notas como yo.
El otro día vi a un señor que no tendría más de cincuenta años revolviendo la basura de la calle en busca de comida. Yo acababa de comprar un parlante con bocina recubierta en oro (la única manera de escuchar música) y pensé ¿Con que cara paso por delante de este hombre llevando esto? Así que tuve que dar una vuelta de tres cuadras solo para que no me viera y llegué muy cansado a casa, pero ese cansancio me hizo sentir bien porque sé que de un modo anónimo y desinteresado ayudé a una persona con menos suerte que yo.
Acabo de recordar que la semana pasada fueron Gilmour, Parsons y Mason a comprar carne y me dijeron que les de mi parte del dinero y volvieron como a las dos horas riéndose y con dos kilos de mandarinas y les pregunte “¿Y la carne?” y ellos me dijeron que ya habían comido. No les pedí que me devuelvan el dinero porque estoy esperando a que ellos den el primer paso ya que yo no soy ningún policía. Después tuve que ir a comer por ahí y lo único que encontré abierto era un lugar árabe y el tipo me hace como un pan relleno de carne trozada que se veía bien pero va y le tira una especie de picante que podría haber vuelto hemipléjico a un dragón en vuelo y yo le quise gritar que no le ponga pero el tipo no entendía mucho inglés y le puso más. Lo comí igual porque está muy mal ofender a gente de otro país solo porque uno no entiende sus costumbres, pero ese día y los dos siguientes me quedo la vista borrosa y me salió una mancha atrás de la oreja. Después fui a la peluquería y le conté un poco lo que había pasado a Nathan, mi peluquero, y me dijo “Si yo fuera tú le diría a ese Gilmour, hey tú, ponte con mi dinero” y yo no podía estar más de acuerdo pero es David el que se va a terminar jodiendo porque el universo te devuelve todo lo que haces.
Mi madre escondió mi pasta de dientes y me acusó de estar a favor de los alemanes.
Waters tiene un enfoque dual acerca de los conflictos. En su mente se debaten las posturas conciliadoras y de poner la otra mejilla con la necesidad de tomar acción de un modo más territorial. También vemos una relegación a una fuerza superior en pos de justicia, tema que a su vez trae aparejada mucha contradicción en su persona ya que Waters intenta ser ateo pero no deja de sospechar que hay una presencia inalcanzable en el universo. Su poema “God is a little too much” publicado en sus antologías poéticas, nos muestra algo de esta lucha.
God is big
Like the moon
God is good
Like a piece of wood
I don’t believe in god
But who knows?
I mean,
I believe a little.
A little too much.
El último extracto del diario nos habla de un Roger Waters conciliador que intenta reparar las fisuras en la relación suya con Gilmour. Waters se acerca a las situaciones de un modo tímido y su sensibilidad, en tantos casos clave de su genialidad, le juega aquí una mala pasada.
Ayer fue el cumpleaños de David. Me dije “basta Roger, basta de pelear”. Realmente quería que sepa que lo aprecio y entonces me puse a buscar el regalo ideal.
Le regalé una cinta donde están grabadas las primeras canciones que hice cuando era apenas un niño, y un conejo.
Gilmour siempre tuvo una cosa medio rara con los animales pequeños. Me acuerdo una vez que estábamos de gira por Francia y se trepó a un árbol para agarrar una ardilla y como se le escapó prefirió quedarse arriba del árbol y hacerle ruidos raros a la gente que pasaba por debajo en la calle. Recién dos días después lo tuvo que bajar la Sureté porque le gritó a la hija de un cónsul “Todas las niñas son del lobo y las ovejas brillan en la oscuridad” y la verdad que para la nena fue muy perturbador porque apenas tenía nueve años y todo eso de una oveja que brilla en la oscuridad es medio extraño.
Bueno, cuando llegué a la fiesta ya estaban todos muy animados y Wright vino corriendo hacia mí gritando “Inglaterra para los Ingleses!” y pateó la jaula del conejo arrancándomela de la mano.
Mr. Chilybean murió al instante y a nadie pareció importarle, especialmente a Gilmour, que ya sabía que lo había comprado para él.
Me gustaría hacer un paréntesis para remarcar lo inmenso de mi carácter templado por el civismo. Aún viendo al conejo con la cabeza girada ciento ochenta grados y flotando en una ponchera llena de lsd, decidí no dejarme afectar y continuar con mi actitud positiva.
El segundo regalo, el de mi cinta preciada, fue tomado con frialdad. Gilmour lo miró un par de veces y todos se juntaron alrededor en silencio y me observaban como esperando que fuera un chiste. Claro que no lo era, esa cinta era realmente mi primera cinta de canciones, supongo que nadie puede superar la sorpresa de ser obsequiado con tamaño talismán.
Oh, la envidia! Si pudieran ver cuan a regañadientes Gilmour sugirió escuchar la cinta. El resto de los invitados en silencio, eran mudos confidentes de mi pena.
Lo que sucedió después no fue del todo agradable.
La cinta comenzó a sonar y no era tanto una canción como la voz de mi madre que de algún modo encontró la manera de operar correctamente mi grabadora yugoslava Nirria-300 y grabó encima una lista de recomendaciones que atronaron por toda la sala para desgracia mía.
La voz de mamá decía:
“Qué le haces a las medias Roger? Parecen de yeso. Siempre supe que eras un niño problemático desde el día en que pintaste al gato de rosa y le diseñaste un chal con el mantel de tu abuela. Tu padre murió en vano. Te oigo por las noches rezando en alemán, hablándole a dios en teutón! (aquí había una serie de ruidos extraños donde al parecer mi madre comenzó a desafinar mi bajo) En otros planetas hay mucha gente lista para comenzar la revolución estelar, yo pensaba que tu podías ser senador de Alfa-centauri, pero veo que prefieres perder el tiempo con tu guitarra. Ni siquiera puedes ponerle las dos cuerdas que le faltan. Cuando el celador del cuadrante tres llegue montado a su cometa de poder, no dudo que serás juzgado con rigor.
Te he estado dando de comer pequeñas porciones de aluminio desde que tienes tres años ya que no puedo arriesgarme a que los contrarrevolucionarios reptileanos encuentren los planos que guardo por culpa de tu sangre imperfecta, tan simple de rastrear. Si escuchas esto solo quiero que sepas que has sido una terrible decepción.
Mi nombre real es Nil-Ibhur-Ágnorak. Fin del comunicado.”
Bueno, no voy a mentir y decir que la gente no se rió un poco. De hecho Mason se golpeó la cabeza contra la chimenea y se abrió un par de centímetros pero no se dio cuenta, así fue más o menos como todos se rieron.
No dije una palabra y me monté en mi bicicleta. Al demonio con todos ellos y al demonio con mi madre, no los necesito. Esos ruiditos maricas de blanquito que quiso nacer en el Missisipi los puede hacer cualquiera, en cambio cantarle a la galaxia entera y hacerles entender todo lo que puede contener el alma inacabable, eso solo lo puedo hacer yo.
Ninguno de ellos va a tener el cabello que tiene hoy.
Esta última entrada del diario resume bien los puntos más importantes en la composición de la personalidad de Waters y su relación con el mundo y con Pink Floyd.
Entendemos que un hombre no solo se nutre de lo sano. Es un tanto egoísta nuestra postura como meros oyentes al relajarnos y disfrutar de una obra que lleva impresa la sangre mas turbia de los más geniales personajes.
Pero así es y así será, los genios sufren para que nosotros simples mortales lleguemos a lo sublime a través de los despojos de sus almas.
Sea esta una humilde referencia a otros como Roger, y en lo posible esperamos que sea una buena lección para la mayoría silenciosa, desconocedora de lo que padecen aquellos a quienes admiran.
